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García Harfuch y Rubén Rocha coordinan ajustes a la estrategia de seguridad en Sinaloa

García Harfuch y Rubén Rocha coordinan ajustes a la estrategia de seguridad en Sinaloa

Sinaloa ajusta su ruta estratégica en materia de seguridad durante una reunión de alto nivel que congregó a autoridades federales, estatales y municipales para revisar operativos, evaluar avances y reforzar la coordinación en prevención y combate al delito.

La capital sinaloense fue sede de una sesión estratégica de la Mesa de Construcción de la Paz, encabezada por Omar García Harfuch, titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC), y el gobernador Rubén Rocha Moya. El encuentro se centró en revisar, con datos y reportes en mano, los avances y pendientes de la política de seguridad pública en la entidad, con énfasis en la coordinación interinstitucional, la eficacia de los operativos y la atención focalizada a los municipios con mayores retos. La administración estatal subrayó el respaldo del Gobierno de México, especialmente de la presidenta Claudia Sheinbaum, así como el acompañamiento de las Fuerzas Armadas, la Guardia Nacional y la Policía Estatal Preventiva, pilares operativos de la estrategia vigente. En un contexto marcado por episodios recientes de violencia ligados a reacomodos criminales, el mensaje fue de continuidad, ajuste fino y corresponsabilidad.

Una mesa de seguridad centrada en la coordinación y en lograr resultados concretos

La Mesa de Construcción de la Paz congregó a mandos de la Secretaría de la Defensa Nacional, la Secretaría de Marina, la Guardia Nacional, corporaciones estatales y áreas encargadas de la procuración de justicia, y lo hizo con la intención de examinar indicadores, contrastar la información operativa con la incidencia delictiva y redefinir líneas de acción, más allá de una reunión meramente protocolaria; en el centro del análisis se situaron la prevención del delito, el enfrentamiento a las estructuras criminales y el fortalecimiento de la capacidad de respuesta ante situaciones de emergencia, bajo una lógica sencilla: articular a los tres órdenes de gobierno en torno a una agenda común, con responsabilidades claras, metas medibles y mecanismos de retroalimentación que faciliten corregir el rumbo con agilidad.

El gobernador Rubén Rocha Moya enfatizó que la coordinación es el antídoto contra la dispersión de esfuerzos. Según su balance, la presencia conjunta en territorio, el intercambio de inteligencia y la sincronización de operativos han permitido recuperar espacios y generar condiciones para la vida social y económica. Este discurso se sostiene, dijo, en un flujo constante de información entre fuerzas federales y estatales, así como en un trabajo de proximidad con autoridades municipales, actores comunitarios y sectores productivos. La premisa es que la seguridad no se decreta: se construye con presencia, evidencia y consistencia operativa.

Prioridades operativas y ajustes tácticos en territorio

La reunión en Culiacán fijó prioridades claras: primero, se propuso robustecer los patrullajes y los puntos de control en corredores estratégicos vinculados a la logística criminal, poniendo especial atención en el desplazamiento de armas, drogas y personas; en segundo lugar, se planteó profundizar las acciones de desarticulación dirigidas a células con capacidad de detonar violencia repentina, mientras se limita su financiamiento mediante aseguramientos y golpes a su infraestructura ilegal; y, como tercer punto, se buscó optimizar los mecanismos de reacción ante incidentes críticos, estableciendo protocolos definidos para resguardar la escena, acelerar traslados y brindar información puntual a la población.

Para que esta agenda funcione, importan tanto la táctica como la administración pública. La SSPC puso sobre la mesa la necesidad de consolidar sistemas de mando y control interoperables, que integren videovigilancia, denuncias, georreferenciación e inteligencia financiera, y que permitan monitorear en tiempo real tanto la operación como los resultados. La meta no es solo disminuir incidentes, sino hacerlo con evidencia y trazabilidad, de modo que cada despliegue tenga una hoja de resultados que pueda auditarse y replicarse donde funcione.

Prevención y proximidad, el otro eje de la seguridad

La estrategia no se reduce al componente coercitivo. La prevención social del delito fue otro de los ejes discutidos, con énfasis en reforzar programas de atención a jóvenes, recuperación de espacios públicos y oferta institucional en colonias con factores de riesgo. La experiencia muestra que los picos de violencia se reducen de forma sostenible cuando hay opciones educativas, culturales y de empleo, así como canales efectivos para la resolución de conflictos. De ahí la importancia de articular a dependencias de desarrollo social, educación, salud y cultura con la operación policial, cerrando la brecha entre diagnóstico y acción en campo.

La Policía Estatal Preventiva, en coordinación con fuerzas federales, avanzará en esquemas de proximidad para mejorar la confianza comunitaria y la percepción de seguridad. Esto implica rutas de patrullaje consistentes, presencia en horarios críticos, atención a llamadas prioritarias y un esfuerzo sostenido de comunicación con vecindarios y autoridades locales. La prevención, subrayaron los participantes, se mide también en la disminución de delitos de oportunidad y en la rápida contención de conflictos que podrían escalar.

Balance de homicidios y la interpretación de la presidenta acerca de la evolución

En su conferencia matutina, la presidenta Claudia Sheinbaum subrayó que los homicidios en Sinaloa mantienen una tendencia descendente, aun cuando en meses recientes se registraron episodios violentos derivados de la fragmentación de una organización criminal. Su mensaje acompaña la llegada del secretario García Harfuch a la entidad para evaluar la estrategia y definir posibles ajustes. Desde Palacio Nacional se interpreta que la reducción en la letalidad persiste gracias a la presencia territorial, la investigación focalizada y la coordinación entre fiscalía y policía, además de priorizar la formación en técnicas de investigación y el respeto a los derechos humanos.

Ese balance, sin embargo, exige cautela y verificación constante. La gobernabilidad en estados con antecedentes de criminalidad organizada depende de no perder ritmo en la presión operativa y de consolidar la capacidad investigativa para llevar casos a juicio con pruebas sólidas. La tendencia favorable en homicidios, si se confirma en periodos más largos, puede traducirse en un entorno más propicio para inversiones, turismo interno y recuperación de la vida comunitaria.

Inteligencia, justicia y redes de valor jurídicas

Otro aspecto considerado fue cómo se articulan la inteligencia, la investigación y los procesos judiciales. La coordinación con las fiscalías resulta esencial para que los aseguramientos concluyan en sentencias y no solo en acciones de impacto mediático. Para lograrlo, se necesitan cadenas de custodia impecables, peritajes diligentes, ministerios públicos bien preparados y una cooperación interinstitucional constante en el seguimiento de cada caso. La Guardia Nacional y las corporaciones estatales recalcaron la importancia de preservar estándares probatorios sólidos y de documentar con rigor cada intervención.

El trabajo con autoridades financieras y aduaneras también aparece como palanca para desarticular economías criminales. El debilitamiento de flujos ilícitos, a través de inspecciones y trazabilidad en transporte de carga, puede reducir la capacidad de grupos para financiar armas o cooptar estructuras locales. En este punto, la participación del sector privado, mediante controles de cumplimiento y colaboración en investigaciones, aporta disuasión y cierra espacios a la informalidad criminal.

Seguridad y desarrollo, un binomio que avanza juntos

La narrativa estatal reiteró que la seguridad constituye un requisito para impulsar el desarrollo social y económico, pues restablecer la calma en áreas productivas facilita la protección de empleos, la llegada de capital y el funcionamiento de las cadenas de suministro; en consecuencia, la agenda de seguridad se entrelaza con infraestructura, movilidad, educación y salud, y la administración de Rubén Rocha Moya subrayó que la articulación con la federación y los municipios debe traducirse en mejoras palpables, como rutas de transporte más seguras, actividades comerciales con horarios ampliados sin riesgos y una atención focalizada en los polígonos donde la violencia deteriora el tejido social.

En esta línea, se plantearon iniciativas para fortalecer la iluminación pública, rehabilitar espacios recreativos y ampliar la presencia institucional en colonias con mayores niveles de incidencia. La experiencia comparada sugiere que la recuperación física del entorno, sumada a la vigilancia focalizada, disminuye delitos patrimoniales y mejora la percepción de seguridad, un indicador que incide en la vida cotidiana tanto como las cifras duras.

Transparencia, análisis y responsabilidad pública

Un punto medular de la reunión fue revisar indicadores verificables, buscando consolidar tableros que registren no solo la cantidad de operativos y detenciones, sino también su solidez jurídica y el efecto real en la disminución de delitos; la difusión transparente de resultados, con informes periódicos y métodos abiertos, resulta esencial para generar confianza, mientras que también se subrayó la importancia de atender a la ciudadanía, cuyas denuncias, reportes comunitarios y observatorios locales aportan información clave y permiten establecer prioridades.

La rendición de cuentas se extiende también al uso de tecnología. Sistemas de videovigilancia, lectores de placas y plataformas de análisis deben cumplir con estándares de protección de datos y ser auditables. La tecnología empodera la seguridad si se usa con rigor, se integra a protocolos y se acompaña de capacitación continua. De lo contrario, se convierte en infraestructura subutilizada.

La función que desempeñan los municipios en la vanguardia de la respuesta

Los municipios representan el primer vínculo con la población y, en numerosas ocasiones, constituyen la respuesta inicial frente a los incidentes; por esa razón, la mesa de seguridad enfatizó la necesidad de profesionalizar a las policías locales, reforzar las academias y mejorar las condiciones laborales para disminuir la rotación y elevar la calidad del servicio. La coordinación vertical —federación, estado, municipios— debe complementarse con una articulación horizontal entre municipios colindantes que enfrentan desafíos comunes, así como rutas y mercados compartidos.

La prevención municipal abarca el ordenamiento urbano, la supervisión de giros negros, la gestión del espacio público y la puesta en marcha de iniciativas comunitarias. No se limita únicamente a aumentar la presencia de patrullas, sino que implica un gobierno cercano y dispuesto a escuchar. Bajo esa perspectiva, se diseñaron procedimientos ágiles para atender reportes, junto con campañas de denuncia anónima y protocolos destinados a resguardar a víctimas y testigos.

Una estrategia dinámica orientada a objetivos precisos

La presencia de García Harfuch en Sinaloa confirma la prioridad nacional de mantener la presión operativa y perfeccionar la coordinación; a su vez, el gobierno estatal reiteró que no relajará la vigilancia y que continuará respaldándose en Fuerzas Armadas, Guardia Nacional y Policía Estatal para afianzar la disminución de los delitos de alto impacto, bajo la consigna de sostener una estrategia dinámica que ajuste, fortalezca y rinda resultados.

A corto plazo, será crucial mantener un seguimiento continuo y ajustar las tácticas según se necesite para preservar la estabilidad. En el mediano plazo, resultará esencial consolidar prácticas capaces de perdurar más allá de los cambios administrativos, como la profesionalización, la evaluación sustentada en evidencia y una cooperación transversal. A largo plazo, el logro se apreciará en la capacidad de Sinaloa para brindar un ambiente seguro que permita a familias y empresas desarrollarse con plena certidumbre.

Horizonte inmediato

La reunión celebrada en Culiacán no solo representó una imagen de coordinación, sino que también se convirtió en un ejercicio profundo de evaluación y reajuste de prioridades; con el apoyo de la federación y la intervención de las corporaciones que operan en territorio, Sinaloa pretende afianzar una estrategia integral que articule presencia, inteligencia, prevención y justicia. La disminución de homicidios mencionada por la presidenta es un indicio positivo, aunque no constituye la meta final, y mantener esa tendencia exigirá rigor operativo, ministerios públicos más sólidos, vigilancia civil y un compromiso constante con los derechos y las libertades.

La seguridad es una tarea cotidiana que se gana en la calle, en los juzgados y en la comunidad. Si la coordinación interinstitucional se traduce en resultados palpables y en una relación de confianza con la sociedad, Sinaloa estará en mejores condiciones para dejar atrás ciclos de violencia y construir, paso a paso, un entorno de paz duradera. En ese camino, la continuidad de las mesas de trabajo, la evaluación transparente y la participación ciudadana serán los pilares para que la estrategia no solo se mantenga, sino que mejore con el tiempo.

Por Lourdes Solórzano Hinojosa