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La sorprendente razón por la cual Canadá quiere la inauguración del Mundial 2026 y no México

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A menos de dos años de que empiece la Copa Mundial de Fútbol 2026, que será celebrada colaborativamente por México, Estados Unidos y Canadá, ha emergido un nuevo punto de fricción entre los países organizadores. Canadá estaría intentando tomar la sede del partido que abrirá el torneo, una posición que por mucho tiempo se había asumido que le tocaría a México, debido a su rica tradición en el fútbol y su estatus histórico como país que recibirá su tercera Copa del Mundo.

La iniciativa de Canadá ha provocado asombro tanto en ámbitos deportivos como diplomáticos, principalmente porque la solicitud parece estar impulsada por motivos no relacionados con el fútbol. Según reportes recientes, Canadá estaría citando razones climáticas y logísticas para apoyar su deseo de albergar el partido inaugural del torneo. Específicamente, se destaca que las condiciones favorables del clima en ciertas ciudades canadienses en junio, junto con la eficacia de sus infraestructuras urbanas y de aeropuertos, podrían ofrecer beneficios en movilidad, cobertura mediática y gestión operativa durante el inicio del evento.

La propuesta ha sido recibida con cautela por autoridades mexicanas, quienes no han ocultado su descontento ante la posibilidad de que México pierda un lugar simbólicamente relevante dentro del calendario mundialista. La candidatura conjunta, presentada originalmente en 2018 y ratificada en 2022 por la FIFA, contemplaba una distribución de partidos equitativa pero con Estados Unidos como principal sede, y con México como escenario natural del inicio del torneo, considerando su legado en 1970 y 1986.

A nivel técnico, los tres países ya tienen definidas sus ciudades sede. México aportará tres estadios: el Estadio Azteca en Ciudad de México, el Estadio BBVA en Monterrey y el Estadio Akron en Guadalajara. De estos, el Azteca era hasta hace poco considerado el favorito para el juego inaugural, por su capacidad histórica, su simbolismo internacional y su reciente proceso de remodelación.

Sin embargo, Canadá ha intensificado su estrategia diplomática y comunicacional para impulsar a estadios como el BMO Field de Toronto o el BC Place de Vancouver como opciones viables para la ceremonia de apertura. Estas instalaciones han sido adaptadas a los estándares FIFA y cuentan con ventajas logísticas de acceso y telecomunicaciones que estarían siendo puestas en la balanza.

En este contexto, la FIFA se encuentra ante un dilema político y organizativo que deberá resolverse en los próximos meses. La decisión sobre qué ciudad acogerá el partido inaugural no solo implica aspectos deportivos, sino que también influye en temas de visibilidad internacional, turismo, derechos de transmisión y relaciones diplomáticas entre los países sede. Aunque todavía no se ha hecho un anuncio oficial, se espera que el organismo rector del fútbol mundial tome la decisión final hacia finales de este año o a inicios de 2026.

El posible cambio ha provocado reacciones mixtas entre aficionados y expertos. Mientras algunos argumentan que lo fundamental es garantizar una apertura impecable, sin importar el país, otros insisten en que México, como cuna del fútbol latinoamericano y anfitrión de dos ediciones anteriores, merece el reconocimiento de abrir el torneo. En redes sociales, la discusión ha tomado fuerza, y sectores de la afición mexicana consideran que este movimiento sería una falta de respeto a la historia y legado del país en los mundiales.

Además de la controversia específica sobre el primer partido, este evento ha revelado ciertas tensiones ocultas dentro de la estructura tripartita que gestiona el campeonato. Aunque la cooperación entre los tres países se ha promocionado como un ejemplo de unidad en el continente, decisiones cruciales—como la distribución de partidos importantes, la organización de la final y el evento de apertura—están influenciadas por intereses conflictivos que podrían causar más fricciones a medida que se aproxime el evento.

Por el momento, México sigue ajustando los aspectos necesarios para albergar una porción significativa del Mundial, sin importar si finalmente se queda con el partido inaugural. Sin embargo, la decisión sobre qué nación dará inicio al torneo será, sin duda, un claro indicativo del equilibrio de poder y del reconocimiento en esta edición histórica del campeonato mundial.

Por Lourdes Solórzano Hinojosa