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Relatos modernos: Arte mexicano en el museo de arte moderno

Relatos modernos llega al museo de arte moderno con un legado mexicano que se proyecta al mundo

Una nueva exposición en el Museo de Arte Moderno reúne piezas emblemáticas de la Colección Gelman, refrendando su carácter patrimonial, su origen mexicano y un plan de itinerancia internacional con salvaguardas claras. Es una invitación a redescubrir el arte moderno del país a través de obras maestras y una curaduría que dialoga con el presente.

Una colección con identidad y resguardo institucional

La inauguración de Relatos modernos en el Museo de Arte Moderno señala el arranque de un momento significativo para uno de los acervos más determinantes del arte moderno mexicano. La directora del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, Alejandra de la Paz, explicó que la Colección Gelman corresponde a la familia Zambrano, originaria de Monterrey, y que su exhibición y divulgación se realizan mediante un convenio formal con el Inbal. Esta aclaración resulta esencial, pues sitúa el acervo dentro de un marco de propiedad privada mexicana, articulado con una participación pública destinada a su conservación y puesta en valor.

Junto a la atención puesta en el origen y la titularidad, la funcionaria señaló que la operación está gestionada por Grupo Santander mediante su fundación, sin que esto implique propiedad alguna sobre las piezas. Es una colaboración que intenta armonizar dos metas a menudo en tensión dentro del ámbito cultural: lograr una proyección internacional amplia y salvaguardar legalmente bienes considerados patrimonio artístico. Este balance se alcanza mediante pautas precisas: circulación con un periodo establecido, supervisión técnica y retorno al país de origen.

Resguardo jurídico, permisos temporales de salida y evaluación profesional

Una sección clave del comunicado se refiere a la condición jurídica de 27 piezas del conjunto, las cuales fueron reconocidas como monumentos artísticos y, en consecuencia, quedan bajo la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos. Este reconocimiento implica un nivel particular de resguardo y un esquema de traslado sometido a normas estrictas. Según lo señalado, dichas obras podrán abandonar México por un lapso máximo de cinco años, siempre con la obligación de regresar, y durante toda la gestión serán revisadas por especialistas del Centro Nacional de Conservación y Registro del Patrimonio Artístico Mueble.

Este dispositivo, que combina movilidad con certificaciones técnicas, apunta a dos metas: garantizar la conservación material de obras de alto valor histórico y estético, y, al mismo tiempo, ampliar su acceso a públicos internacionales sin perder la trazabilidad institucional. No es un mero trámite administrativo; implica protocolos de embalaje, condiciones de clima y luz, seguimiento curatorial y reportes periódicos que dejan constancia del estado de cada obra.

Los derechos culturales y el acceso del público como pilar central de la política

La apertura de Relatos modernos no solo pone en marcha el recorrido físico de la colección, sino que también refuerza una visión de política cultural que sitúa los derechos culturales como eje central. Diversas voces institucionales destacaron que la labor primordial del Estado consiste en propiciar el acceso ciudadano a las grandes obras, consolidar su presencia dentro de la programación museística y garantizar que los acervos con declaratoria patrimonial conserven un régimen de protección sólido y eficaz.

Este enfoque incide en la sostenibilidad de las colecciones: al fomentar la itinerancia responsable, se multiplica la audiencia potencial, se tejen alianzas entre museos y fundaciones, y se promueve la educación artística. Para las comunidades locales, significa acceso a piezas icónicas que, de otro modo, permanecerían en reservas; para la escena internacional, ofrece un relato articulado de la modernidad mexicana desde dentro, con sus protagonistas, tensiones estéticas y vasos comunicantes con otras tradiciones.

Un calendario con identidad mexicana y alcance global

La exposición permanecerá en el Museo de Arte Moderno hasta el 17 de mayo de 2026. A partir de entonces, el acervo emprenderá un viaje bajo tutela de la Fundación Santander hacia el Faro Santander, en Cantabria, donde se exhibirá hasta finales del año. Esta hoja de ruta confirma una estrategia de circulación con tiempos definidos, que busca equilibrar la difusión global y el anclaje territorial. El paso por España no es casual: abre una ventana de diálogo con públicos europeos interesados en los movimientos de vanguardia latinoamericanos y en las trayectorias singulares de artistas mexicanos del siglo XX.

En el ámbito de la gestión cultural, un recorrido de este tipo demanda una coordinación logística compleja, pólizas de seguro específicas, condiciones museográficas idóneas y estrategias de mediación capaces de trasladar los trasfondos históricos de las piezas a públicos distintos. Cada espacio anfitrión se convierte en una ocasión para reinterpretar la colección, generando narrativas que, sin comprometer la coherencia curatorial, resaltan vínculos formales, trayectorias vitales, procedimientos creativos y contextos sociopolíticos.

Una voz del sector financiero sobre patrimonio y país

Durante la presentación, el CEO de Grupo Santander, Héctor Grisi, enmarcó la iniciativa como un compromiso con el legado cultural mexicano. Subrayó que la colección es y seguirá siendo mexicana en términos legales e institucionales, y que la fundación del grupo asumirá su resguardo y difusión. Este tipo de declaraciones opera como garantías públicas: distingue la gestión de la propiedad, ancla la responsabilidad en normativas nacionales y procura continuidad a largo plazo.

La participación del sector privado no sustituye al Estado; se coordina con él. Cuando esa coordinación se articula en protocolos y metas verificables —conservación, registro, investigación, acceso—, los proyectos ganan estabilidad y músculo operativo. Para la esfera cultural, significa sumar capacidades sin diluir la rectoría pública sobre el patrimonio protegido.

Una curaduría que entabla un diálogo entre la memoria histórica y la actualidad

La directora y curadora del Museo de Arte Moderno, Marisol Argüelles, presentó la exposición como un ejercicio de lectura contemporánea de un acervo emblemático. Relatos modernos se organiza en cuatro secciones que, más que parcelar, proponen ejes de interpretación: núcleos originales de la colección —reunidos entre 1941 y 1998— y adquisiciones posteriores que enriquecen el conjunto. El resultado es un mapa de afinidades y contrastes que permite seguir el pulso de la modernidad mexicana a través de obras, técnicas y miradas que, en su momento, fueron rupturistas y hoy reafirman su vigencia.

Un rasgo distintivo de esta muestra es la congregación de diez autorretratos de Frida Kahlo dentro de un solo ámbito. No acostumbra a verse tal concentración en una única exposición, y el gesto curatorial despliega diversas capas: por una parte, vuelve visible el arco expresivo de la artista respecto de su identidad, el dolor, la corporalidad y el símbolo; por otra, enlaza con la figura de Natasha Gelman, esencial para comprender la trama afectiva y coleccionista del acervo. Reunir tantas Fridas impulsa a apreciar variaciones delicadas en la paleta, el gesto y la composición, y a colocarlas en diálogo con otras voces presentes en la colección.

Un elenco mayor que excede los nombres canónicos

Si bien los nombres de Frida Kahlo y Diego Rivera concentran atención internacional, Relatos modernos se despliega también en obras de María Izquierdo, José Clemente Orozco y otros autores que comparten la escena y le dan espesor. La presencia de Izquierdo, por ejemplo, permite dimensionar la aportación de mujeres artistas más allá de Kahlo, con una poética propia que interroga lo doméstico, lo ritual y el paisaje interior. Orozco aporta su temple crítico y su vigor formal, en diálogo con los debates políticos y sociales de su tiempo.

El visitante encontrará aquí cruces entre muralismo y caballete, entre figuración e imaginación simbólica, entre tradición y cosmopolitismo. La colección, en ese sentido, no es un repertorio estático: es una constelación que se reactiva cada vez que la curaduría introduce nuevas conexiones, que los estudios de conservación revelan procesos técnicos y que la investigación histórica añade capas de contexto.

La conservación, la investigación y una gestión transparente como fundamentos esenciales

Más allá del fulgor presente en la sala, la fuerza de una colección se sostiene en tres pilares: conservación, investigación y transparencia. La labor especializada de Cencropam asegura que cada obra con declaratoria reciba un seguimiento meticuloso, con diagnósticos, acciones preventivas y criterios de exhibición destinados a reducir cualquier riesgo. A su vez, el estudio curatorial y documental refresca las interpretaciones disponibles, aportando cronologías exactas, orígenes, técnicas empleadas, intervenciones previas y recorridos expositivos.

La transparencia termina por incluir tanto la comunicación del estado legal de las obras como la entrega de informes sobre los procedimientos de traslado y las condiciones de exhibición. Cuando estas prácticas se incorporan de manera habitual y se comparten con el público, la confianza se afianza y la experiencia se enriquece: contemplar una obra implica también reconocer la cadena de cuidados que permite su existencia en el presente.

Educación y mediación para ampliar el acceso

Relatos modernos se presenta como un terreno propicio para iniciativas educativas: visitas guiadas que ponen en diálogo distintos lenguajes visuales, talleres dedicados al autorretrato y al símbolo, conferencias que exploran las conexiones entre la historia política y la creación artística, así como materiales digitales que acompañan al público antes y después del recorrido. La integración de audioguías, apoyos táctiles dirigidos a personas con discapacidad visual y guías de lectura de fácil difusión amplía la accesibilidad y extiende el alcance de la exposición mucho más allá del museo.

La mediación cultural, al concebirse pensando en audiencias heterogéneas, trasciende la mera difusión de datos e impulsa la apropiación del patrimonio, estimula la reflexión crítica y propicia diálogos entre generaciones. En una colección que reúne múltiples estratos de significado —biográfico, social y estético—, la mediación funciona como el vínculo que transforma la simple observación en una vivencia verdaderamente enriquecedora.

Itinerancia consciente y diplomacia cultural

La salida temporal hacia Cantabria no es únicamente una agenda de exhibición; es también un ejercicio de diplomacia cultural. Llevar la modernidad mexicana a una sede internacional con programación sólida contribuye a actualizar la manera en que se percibe el arte del país fuera de sus fronteras. El énfasis en la mexicanidad jurídica del acervo y en las salvaguardas técnicas subraya que la circulación de patrimonio puede ser compatible con su protección, siempre que existan reglas precisas y supervisión profesional.

Esta itinerancia abre puertas a colaboraciones futuras: préstamos recíprocos, residencias curatoriales, investigación conjunta de archivos, publicaciones bilingües. Cada una de estas líneas fortalece la infraestructura simbólica que sostiene el intercambio entre instituciones y renueva el relato del arte moderno con fuentes, voces y públicos ampliados.

Una invitación a mirar de cerca

Relatos modernos no limita su alcance a una nómina de figuras reconocidas; lo que dota de sentido a esta muestra es la oportunidad de apreciar con calma y proximidad decisiones pictóricas específicas, como superposiciones de veladuras, líneas de carbón ocultas bajo la pintura, diálogos tensos entre color y trazo, o enfoques particulares en el encuadre. Observar con este detenimiento ayuda a comprender cómo estas piezas llegaron a ser referentes, pues en ellas se ponen a prueba soluciones formales a inquietudes que aún nos convocan sobre identidad, cuerpo, territorio, poder y memoria.

En ese sentido, la muestra funciona además como una reflexión sobre el presente, ya que al difundir piezas creadas durante un siglo turbulento se propone reconocer en su impulso y en sus tensiones un reflejo de la actualidad; así, la modernidad mexicana, lejos de mostrarse como un episodio concluido, aparece aquí como un campo experimental dinámico de técnicas y símbolos que siguen proyectándose.

Cierre: patrimonio vivo, relato compartido

La llegada de Relatos modernos al Museo de Arte Moderno confirma una certeza: el patrimonio sigue vigente cuando se preserva, se analiza y se difunde. La definición precisa sobre la propiedad de la Colección Gelman, la salvaguarda jurídica de varias de sus piezas, la coordinación entre el Estado y la fundación privada, así como el programa de itinerancia con regreso acordado, configuran un modelo de cooperación que coloca el interés público en primer plano.

Con una curaduría que entrelaza el legado de Frida Kahlo, Diego Rivera, María Izquierdo, José Clemente Orozco y otros creadores dentro de un mismo hilo narrativo, la muestra brinda al público una vivencia intensa pero al mismo tiempo cercana. Permanece abierta la invitación: adentrarse en estas salas implica sumarse a un diálogo más amplio sobre la manera en que un país relata su historia mediante el arte, cómo la protege y de qué forma la proyecta al mundo sin desprenderse de su origen.

Por Lourdes Solórzano Hinojosa